miércoles, 8 de mayo de 2013

Yo y el texto y Noche de Califas.

          Por José Bermúdez Hindemburg
Acá una usuaria responde en Yahoo Answers que la palabra Califa equivale a caliente, calenturiento, en un sentido vulgar; otra dice que lo lea de arriba para abajo, no entiendo; otro usuario, esta vez un hombre explica que en la Ciudad de México se le dice Califa a la persona que pasa en los arrabales, bailando danzón y grupera en el California Dancing Club, por el metro Portales; ahora, en la Mejor Respuesta (elegida por quien preguntó) se lee un tal Albert que presenta primeramente su oriundez orgullosamente chilanga, y a continuación, iguala la palabra Califa con padrote, el que mueve a las prostitutas, y agrega con erudición que el término comenzó a ser utilizado allá por los cincuentas, sesentas. Y remata: “Tengo el libro Noche de Califas de Armando Ramírez y ¡está buenísimo! te lo recomiendo.”

Me planté frente a la computadora desde noche y ya amanece. Tengo el tiempo corto para entregar un análisis de la novela “Noche de Califas” de Armando Ramírez, y todavía no hallo por dónde empezar. He cavilado en quizá iniciar con una cita que deje perplejo al que la lea y lo distraiga de lo pésimo que es mi abordaje, o quizá transcribiendo un párrafo de la obra y así, sienta que Armando Ramírez me lleva de la manita a estudiar su texto. Intento ambas cosas y resulta todavía más pésimo mi abordaje, así que opto por seguir buscando información sobre el libro: alguna reseña, alguna crítica del libro, biografías o semblanzas del autor; dónde estudió, cómo fue que publicó, qué semejanzas tiene con otros libros, y lo más importante: por qué en lo vasta que es la internet, apenas aparece su nombre asociado a la novela que yo intento diseccionar para estudiar mejor. Uno que otro articulillo aparece ahí, y lo guardo; no es material del que pueda aprovechar alguna cita, simplemente se me hace interesante y ahí va: a pestaña de marcadores. ¿Qué más? Que leí que a la obra la adaptaron a teatro (independiente y de compañía) cosechando éxito entre los espectadores. ¿Y ya? Así es, no hay información suficiente, no hay reseñas por doquier como yo me lo esperaba, no hay críticas que logren orientarme en una buena dirección de abordar el análisis narrativo de la novela. Es cierto lo que leí en esa página que mandé a marcadores —y que soy tan holgazán que no pienso buscarla en la carpeta del explorador— que decía, más o menos, que Armando Ramírez era un escritor que había sido relegado a los escaparates más modestos, a la editorial que no le ha rendido homenaje en honor de cumplir tantos años de haber debutado en el campo literario, e incluso, rumoraba que ciertos eruditos, letrados y demás personillas de guante y puro, despreciaban, repugnaban su literatura, y aun más, veían con malos ojos a las personas que insistieran en leer a ese... impuro. Al leer esto no supe si estar de acuerdo o en desacuerdo. Sin duda Noche de Califas aborda una temática que puede ser impura o detestable para los dogmas que como que quieren ser fehacientes en la moral colectiva: la prostitución, el sexo promiscuo y la noche de antro, pero eso sólo aplica en esta realidad, aquí donde todos vivimos y nos movemos y platicamos, etc., mas no en la ficción. Pienso, en los libros es otra cosa, en los libros y en la imaginación es-otra-cosa. Aquí no entran cánones que digan que tal cosa debe ser llevada así o asá, o que los temas deben limitarse a unos cuantos. Bien hizo Armando Ramírez el declarar alguna vez a la prensa que debemos recuperar esa necesidad de contar historias tal y como nuestros abuelitos hacían cuando nos sentaban sobre sus muslos y divagaban sobre historias los llanos amplios de su imaginación y experiencia. Creo que fue exactamente esa evocación del cuentacuentos lo que instó a Armando Ramírez llorar una historia —como denomina Kevin Brooks el hecho de narrar— tan visualmente conmovedora y la llamara Noche de Califas —novela publicada por primera vez en 1982 por la editorial Grijalbo—, pues bien, apenas entrado en la lectura de las primeras páginas, una enérgica descripción de cuán terrible puede ser contener por mucho tiempo algo que propugna ser contado, sea para aplacar el ansia, o mirar ya desde lejos lo sucedido, demuestra que a pesar de lo que sea, de las implicaciones narrativas o de la remembranzas personales, el cuentacuentos siempre se sale, y se saldrá con la suya.
La novela inicia con un prólogo y un epílogo que no son marcados como tal, pero que constituyen desde la primera línea una construcción de cómo fue la cadena de implicación en la historia, y de cómo fue que acabó todo de una manera sórdida e imprevisible. Está Sugi, narrador en segunda persona indicativo, quien se sienta frente a su Olivetti y trata de hacer brotar de su recuerdo aquella Noche de Califas que marcada al rojo vivo está en su sentir. No pasa mucho tiempo cuando por fin las palabras comienzan a llenar las hojas blancas, las hojas blancas se convierten en ventanas como sus ojos, y a sus ojos se sublevan los recuerdos que, Sugi sabe bien, pudieron haber ocurrido de otra manera.
Y tú estás frente a esta máquina hundiéndole los dedos, afanándote por recordar todo tal cual; aunque íntimamente sabes que te estás traicionando porque nunca vas a saber a ciencia cierta si así sucedió. Pero qué le vas a hacer si ya no puedes aguantar más estas ganas inauditas por decirlo a alguien más que a tus amigos, porque, a lo mejor, es una forma de deshacerte de esta obsesión, de estos fantasmas que en tus sueños se aparecen y te persiguen arrojándote a las calles solitarias...[1]
Y es que la realidad se reinventa al ser narrada, y el que escribe debe saberse atenido a esa ley si quiere que el momento a ser escrito se rinda y se plasme solito con palabras en una historia. Armando Ramírez no es el único que ha logrado presentar ese precepto en su narrativa. Tomás Eloy Martínez también concibió que su tarea de escribir la historia de Eva Perón en sus últimos días —y del éxodo que sufrió su cadáver resuelto en no dejarse enterrar si no era de la mejor manera— iba a estar infranqueablemente limitada por la realidad porque “todo relato es por definición, infiel. La realidad, como ya dije, no se puede contar ni repetir. Lo único que se puede hacer con la realidad es inventarla de nuevo”[2], porque en parte porque el escritor “es güevon [...] y en parte porque le gusta imaginarse las cosas.”[3]
A medida que avanza Sugi en la reconstrucción de la historia, de la que se aleja magistralmente narrándola en segunda persona, como hizo Carlos Fuentes en Aura, vamos viendo nosotros a través de sus ojos no solo la noche aquella, —como bien dijeran los Ángeles Negros— de debut y despedida, en la que Sugi y la Muñeca escoltaron al califa más respetado en el bísnes de la prostitución al lugar encendido por el calor de la feromona y el aroma ondulante a sexo, donde en un ir y venir de analepsis y prolepsis como destellos cegadores de una escena a otra, Macho, el Califa Mayor, llega al límite desesperado de saberse enamoradamente obsesionado por una mujer que fue echada a volar antes de tiempo como una paloma —causándole la muerte— a manos del Conde (otro padrote de menos presencia), hombre de medio talante a quien el Macho ama y odia al mismo tiempo.
Sugi lo sabe. Lo sabe ahora que lo escribe, y se da cuenta de que siempre supo que en el ambiente se sentían vibraciones que apercibían un funesto desenlace para el final de la noche. ¿Pero qué hizo? Nada. Simplemente se plantó a un lado del Macho para notarse que andaba con gente de arriba, con gente importante en el arrabal lodoso de la Merced; y dejó que la noche siguiera con la orquesta al frente del escenario, las iluminación que ciega las sombras del miedo y la cursilería —por considerárseles aciagos sentimientos en un lugar como aquél—, se sucedieron las pláticas, los encuentros, los choques de miradas llenas de rencor y amor entre el Conde y el Macho... Entonces que uno se planta, y el otro que le sigue el juego. El uno y el otro ya bien sabían que esa era Noche de Califas, y que la única forma de terminar el juego no era con calentaditas ni castigos: un error de Califa costaba la vida, ni más, ni menos. Así era aquello, sólo que en este caso, el error había sido de los dos. ¿Entonces habrían de morir los dos? En cierta forma sí, pero cada quien pagando lo que más le valía. El espectáculo épico, ya de pie los dos, con sus navajas empuñadas y la idea de que todo terminaría ahí; se dio el duelo por la venganza y el honor. Porque dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio.
Un bolero ya de edad grande me miró y me dijo señalando a ese hombre: “ese, así como lo  ve, fue un padrote; dicen que el mejor de La Merced. Galán, califa mayor; no’mbre, ni migajas quedan. Dicen que recibió un castigo divino; que se volvió loco por una mujer...[4]
Lo que más impresiona de la obra es un interesantísimo factor de estudio: El lenguaje de la narrativa se presenta como una aproximación al habla común de los oriundos del Barrio Bravo, es decir, es obsceno, perspicaz y terriblemente directo; no se anda con rodeos: las cosas se dicen sin más, sin importar que vengan ya de una mujer o de un hombre. En cierta parte, que es un diálogo entre dos figuras de remembranza femenina, palabras de tórrida alusión de acento sexual se hacen presentes:
Macho lo vio, me agarró por la cintura y le dijo: Mi vieja... Conde siguió riendo, se sacudió las nalgas y los tres comenzamos a caminar. Ese día me dieron una cogida entre los dos, pocas veces he disfrutado de dos hombres juntos como esa vez, era como si fueran uno[5] 
Desde la lejanía de un ambiente claustral en cualquier otro espacio, la cita anterior puede sonar impertinente y con buena carga de sentido vulgar, pero desde el interior de las páginas no puede más que exaltar el amor y representarlo en la compartición del bien carnal: una comunión entre el padre que enseña a su hijo a seguir las artes del placer.
Armando Ramírez, originario del Barrio Bravo, supo como sumergir al lector en su historia más con la herramienta de utilizar el lenguaje hablado en aquel lugar, que con las descripciones de los escenarios y de las calles, hace que el imaginario del lector aprenda a colocar cada pieza narrativa en su lugar, y hacer converger muchas historias e imágenes en una sola, donde no hay desenlaces cerrados, ni certezas absolutas. Donde la vida continuó porque así es la vida, siempre continúa... no tiene finales.

Una rápida revisión al texto: ortografía y demás.
Creo que he terminado.
El libro me gustó.
Lo recomiendo.



[1] Ramírez, Armando, Noche de Califas, México, 1982, Grijalbo, pp 10, 11.
[2] Eloy Martínez, Tomás, Santa Evita, México, 1995, Editorial Planeta, pp. 96.
[3] Ramírez, Armando, Noche de Califas, México, 1982, Grijalbo, pp 8.
[4]Ramírez, Armando, Noche de Califas, México, 1982, Grijalbo, pp 103, 54
[5] Ramírez, Armando, Noche de Califas, México, 1982, Grijalbo, pp 54.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Veo a un México que llora...


jueves, 06 de septiembre de 2012. 

Veo una calle desierta, donde corre el polvo y el viento; las caras tristes a través de los cristales de los segundos pisos; los taxis que no se detienen a miramientos; los camiones sin personas sujetas de las barras, que llevan sus asientos ocupados por el vacío que han dejado la ilusión y la esperanza; algunas madres entran a las primarias, toman a sus hijos de las filas en donde tres o cuatro niñas lloran sin lágrimas, y piden, entre gemidos, la presencia de sus padres, o de Dios, que ahora se ya se mira muy lejos: ¿Por qué nos has abandonado?. Veo también las tiendas cerradas, las rejas canceladas, los comercios en paro. Parece que por aquí ha pasado la muerte, atestando a la ciudad golpes con su guadaña afilada. La negación a morir causa la reclusión entre cuatro paredes, bajo umbrales borrascosos, apenas iluminados por la luz pálida que entra de la calle. Quizá bombas caen sobre La Moneda, o tal vez a la Casa Rosada la deshacen los kilotones de Videla. Es probable, también, que por la radio la junta militar pronuncie las órdenes del día: “No hablar, sólo callar”; y así, de esta manera, entierren en lo más profundo de los océanos los corazones de nuestra patria, que no es otra sino la que vinieron a fundar los hombres de bronce. Porque no estoy en Chile ni en Argentina, estoy escondido bajo las nubes grises de ésta, la que un iluminado nombraría, la región más transparente: México. Corre el siglo XXI. Las esperanzas se van con los segundos, y al futuro lo llena el vacío. Eso parece.

domingo, 2 de septiembre de 2012

"El hechizo para el amor eterno", leyenda Sioux.

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del consejero de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo; el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros y Nube Azul; la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

––Nos amamos...––empezó el joven.

––Y nos vamos a casar....––dijo ella.

––Y nos queremos tanto que tenemos miedo, queremos un hechizo, un conjuro o un talismán, algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

––Por favor ––repitieron–– ¿Hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y tan anhelantes esperando su palabra.

––Hay algo ––dijo el viejo–– pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada. Nube Azul ––dijo el brujo––, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos. Deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte; si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendiste?

––Y tú, Toro Bravo ––siguió el brujo––, deberás escalar la montaña del trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Azul. ¡Salgan ahora!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas, eran verdaderamente hermosos ejemplares...

––Y ahora qué haremos... ––preguntó el joven––. ¿Los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

––No –– dijo el viejo.

–– ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? ––propuso la joven.

––No ––repitió el viejo––. Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero, cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros, el águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

––Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto, son ustedes como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure:

“Vuelen juntos... pero jamás atados”

jueves, 12 de julio de 2012

Texto íntegro del discurso de López Obrador - Compartir!! NO A LA IMPOSICIÓN

AL PUEBLO DE MÉXICO

Texto íntegro del discurso de López Obrador
REFORMA / Redacción
Ciudad de México (12 julio 2012).- Empiezo diciendo que la minoría que domina en el país, decidió, de tiempo atrás, para mantener el régimen de corrupción que les beneficia, imponer a Enrique Peña Nieto como Presidente de México.
La estrategia que pusieron en práctica consistió en utilizar sus medios de comunicación y mediante la publicidad introducirlo al mercado para hacerlo figura nacional.
Televisa, Milenio y muchos otros, se dedicaron a proyectar una imagen de Peña Nieto que no corresponde a lo que es y representa.
Con esa fórmula, durante mucho tiempo, Peña Nieto mantuvo una gran popularidad, pero en la campaña las cosas empezaron a cambiar. Poco a poco, la gente se fue enterando por las redes sociales y por otros medios no convencionales, que se trataba de un engaño, de una farsa.
El 6 de mayo se celebró el primer debate y, aun cuando no se transmitió en los canales de mayor audiencia, millones de mexicanos se percataron de que Peña Nieto perdió el debate y quedó evidenciado como el candidato del grupo más corrupto de México.
Posteriormente, el 11 de mayo, Peña Nieto asistió a la Universidad Iberoamericana. Los estudiantes lo encararon y su torpe y autoritaria respuesta, secundada por los políticos que lo rodean, así como la distorsión de los hechos en los medios de comunicación, en particular de Televisa, dio lugar al movimiento #YoSoy132.
A partir de entonces, esta expresión estudiantil, con la demanda del derecho a la información y de no permitir la imposición de Peña Nieto, empezó a despertar a otros jóvenes en todo el país y a sacudir las conciencias de los ciudadanos, sobre todo, de las clases medias de México.
Después de este importante acontecimiento, empezó a crecer el rechazo hacia Peña Nieto y se precipitó su desplome en cuanto a las preferencias electorales. El jueves 31 de mayo, el periódico Reforma dio a conocer una encuesta en la cual la diferencia entre Enrique Peña Nieto y mi candidatura era de apenas 4 puntos. Días después, del 31 de mayo al 4 de junio, nuestro equipo técnico levantó otra y el resultado ya nos daba 2 puntos de ventaja.
Al percatarse sus patrocinadores que Peña Nieto se estaba cayendo, desesperados buscaron reforzar su estrategia mediática y consiguieron el apoyo del ex presidente Vicente Fox. Al mismo tiempo, iniciaron la guerra sucia en mi contra, en contubernio con los personajes que ejercen más influencia en el Partido Acción Nacional.
Sin embargo, lo más perverso e ilegal, fue la determinación de reclutar y alinear a los gobernadores del PRI para encargarles que se ocuparan de obtener votos a como diera lugar, sin escrúpulos morales de ninguna índole.
El 12 de junio, en Toluca, en la casa oficial del gobernador del Estado de México, se reunieron 16 gobernadores del PRI con Peña Nieto y su equipo de campaña. Ahí, se asignaron cuotas de votos por mandatario.
Por ejemplo, Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, se comprometió a conseguir 2 millones 900 mil votos que, casualmente, fue lo que obtuvo Peña Nieto en el Estado de México.
La confabulación de los gobernadores en el Estado de México se tradujo en utilizar recursos del presupuesto público de los estados para comprar millones de votos en todo el país.
Una prueba bien documentada de lo anterior fue el modo en que operó el gobernador de Zacatecas, Miguel Alonso Reyes, el cual asignó a sus principales colaboradores, por distrito y municipio, y está demostrado que manejar n chequeras con millones de pesos para la compra de votos.
En la práctica, en todo el país, el sufragio se adquirió con dinero en efectivo, con tarjetas para la obtención de mercancías, con despensas, materiales de construcción, fertilizantes y otras dádivas.
A los cuantiosos recursos económicos de procedencia ilícita que se ejercieron para la compra de los votos, habría que sumar miles de millones de pesos gastados en publicidad, en encuestas hechas a modo y en el pago a qui nes ejecutaron y apoyaron directa o indirectamente este vergonzoso plan. Todo ello, obviamente, rebasa con creces el tope de gastos de campaña establecido en la ley.
El operativo masivo de compra de votos se llevó a cabo antes y durante el día de la elección. Un caso emblemático es el de los monederos electrónicos de las tiendas Soriana, comercios que fueron vaciados por multitudes d l Estado de México, que canjearon tarjetas al día siguiente y en los días posteriores a la elección.
Aunque la compra del voto se dio prácticamente en todo el país, fue más acentuada en las zonas donde viven los más pobres de México, en especial en el medio rural. En estos lugares se registró el mayor nivel de participa ión ciudadana del país, contrario a lo sucedido en las anteriores elecciones presidenciales y superior a la media nacional registrada en los actuales comicios.
Por ejemplo, en los tres distritos con más población rural de Yucatán, se registró una participación promedio del 86 por ciento. En Chiapas, la participación ciudadana, con respecto al 2006, se incrementó en 118 por cien o y el PRI consiguió 506 mil votos de más.
Asimismo, en las casillas no urbanas, que son el 35 por ciento del total, Peña me gana, entre comillas, con 2 millones 801 mil 042 votos, lo que representa el 85 por ciento de su supuesta ventaja a nivel nacional.
No puede dejar de indignar y entristecer, el constatar, que los responsables de la desgracia de millones de mexicanos, encima de todo, utilicen a sus víctimas, en particular a los más pobres y desinformados, para sostene su funesto poder económico, político y mediático.
Además, fueron introducidas a las urnas ilegalmente infinidad de boletas marcadas a favor de Peña Nieto.
Las pruebas y testimonios que hasta ahora tenemos, nos permiten sostener que se compraron 5 millones de votos, aproximadamente. Tan solo en el Estado de México, Veracruz y Chiapas se adquirieron alrededor de 2 millones d votos.
En razón de lo anterior, y sin tomar en cuenta otras violaciones flagrantes a la Constitución y a las leyes en la materia, podemos resumir que en elecciones libres, la mayoría de estos ciudadanos no hubiesen votado por Peña Nieto.
Estamos ante un hecho completamente atípico. Baste decir que en las 902 casillas especiales que se instalaron en todo el país, donde sufragaron libremente los ciudadanos, el resultado fue completamente distinto: por Josefina Vázquez Mota 27.8%, por Enrique Peña Nieto 28.1%, por mi candidatura 41.0%, por Gabriel Quadri 1.6%, por candidatos no registrados 0.2% y los votos nulos 1.2%. En este tipo de casillas Peña solo gana en 4 estados de las 32 entidades de la República.
En suma, el sesgo que significó la compra y manipulación de millones de votos, no permite dar certeza a ningún resultado ni al proceso electoral en su conjunto.
En el terreno estrictamente legal, se violó el Artículo 41 de la Constitución, que establece que las elecciones deben de ser libres y auténticas.
En consecuencia, el día de hoy, en los términos que establece la ley, presentaremos el juicio de inconformidad para demandar la invalidez de la elección presidencial.
Llamo a todos los mexicanos a no permitir que se viole impunemente la Constitución y se cancele, en los hechos, la vía democrática.
Proceder de otra manera sería renunciar a nuestros derechos fundamentales y admitir la antidemocracia como forma de vida y como sistema de gobierno.
A mediados de la semana próxima, daremos a conocer el Plan Nacional para la Defensa de la Democracia y de la Dignidad de México.
Todo lo que hagamos será en estricto apego a nuestros derechos ciudadanos consagrados en la Constitución.
En especial, reitero que siempre actuaremos por la vía pacífica. No daremos ningún pretexto para que los violentos nos acusen de violentos.
No aceptemos que la corrupción domine por entero la vida nacional. Luchemos por el renacimiento moral de México.
Ciudad de México, 12 de julio de 2012

sábado, 16 de junio de 2012

¿Y nuestra humanidad, apá?


Nota de enfermería: 14:28.- “Ingresa la señora J.M.H., de la tercera edad (96 años), al servicio de urgencias (traída por familiar en portaequipaje de camioneta) consciente, orientada, neurológicamente conservada; con patrón cardio-respiratorio sin alteraciones importantes. Piel deshidratada y pálida, deformidad en miembro pélvico derecho a nivel de tercio proximal con edema y equimosis. Se sospecha fractura de fémur e impacto óseo de pelvis. Refiere el familiar que la señora J.M.H., tuvo una caída de su propia altura desde tres días anteriores al ingreso hospitalario; como la señora vive sola, no pudo trasladarse a urgencias.
“Se coloca venoclisis no. 18, en vena braquial, se administran analgésicos y se monitoriza. A resultados de rayos x se confirma: fractura de fémur en cuña en tercio proximal con riesgo de pérdida de la continuidad de tejidos blandos. No se inmoviliza y se busca traslado al hospital de tercer nivel.
“El traslado no puede ser tramitado por trabajo social porque los familiares de la señora no se encuentran dentro del hospital. Los policías refieren que la familia abandonó el hospital para ir a comer. Hasta el final del turno (20:00) los familiares no regresan a la sala de urgencias.  
“19:30.- La señora J.M.H., se mantiene estable a lo largo del turno. No presenta deterioro neurológico. Patrón ventilatorio eficiente para mantener perfusión cerebral. Hemodinámicamente estable, pasa al siguiente turno.”
José Eduardo Torres Bermúdez
Enfermero / Urgencias

Los individuos sometidos a limitaciones a causa de su salud o relaciones con ella, no pueden asumir el autocuidado o el cuidado dependiente, y precisan, entonces, de alguien que resuelva sus necesidades más básicas.
Parafraseo a Dorotea Orem y a su teoría del déficit del autocuidado: un individuo enfermo está limitado en el cuidado de sí mismo, lo que hace necesario que alguien más cuide de él. ¿Pero qué sucede cuando ese alguien más no está dispuesto a cuidarlo y  resolver sus necesidades más básicas? Una respuesta rápida: el individuo enfermo muere. Si nos remontamos a la Guerra de Crimea (1853-56) podemos encontrar que Florence Nightingale se dio cuenta de que si nadie cuidaba de los heridos, estos generalmente, al cabo de unos pocos días, morían, y no por las heridas de guerra, sino por complicaciones nosocomiales. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo disminuir las cifras de mortalidad, que eran tan grandes en esos momentos? Ahora se conoce una respuesta: dar cuidados, sanar, ayudar a la recuperación. Con su estatuto: poner al paciente en las mejores condiciones para que la Naturaleza actúe sobre él; nacía la enfermería.
Sin embargo, a pesar de que existe un amplio bagaje bibliográfico sobre el cuidado de los enfermos, dirigido no sólo a los profesionales de la salud, sino a la población en general, todavía hoy llegan a las unidades hospitalarias casos como el descrito al principio del texto en donde hablar de un descuido no es suficiente. Al abandono de personas de la tercera edad ya se le considera en el Distrito Federal un delito. Pero más allá de un delito, ¿por qué el abandono? ¿Por qué los hijos adultos no cuidan de sus padres ancianos en su etapa más vulnerable, como ellos lo hicieron cuando los hijos eran los débiles y necesitados? ¿Acaso no sería lo más justo, lo más humano? ¿Y qué sería hablar de lo humano? ¿Y lo inhumano?
Sobre lo humano hay muchas concepciones que van desde las teológicas hasta las científicas, en donde no sólo se habla de lo humano, sino también de la humanización, es decir, de cómo, a través de los tiempos, el  ser humano dejó de ser animal para convertirse en lo que es ahora, conservando inherentemente su dualidad; es decir, que sí, somos humanos, y es esta humanidad la que nos permite serlo a nuestro modo. [1]
¿Y lo inhumano? Como dice Savater, en el siglo pasado se pugnó por concebir la humanidad como una forma de dictar normas. Esto se hace porque es humano, esto no se hace porque es inhumano. Aquí es donde entra el vertiginoso remolino de contraposiciones acerca de lo que sí es humano y lo que no. Y es que persiguiendo una concepción científica de la humanidad —la evolución del neocórtex, la lucha por satisfacer nuestras necesidades, el desarrollo de sentimientos y raciocinio especializado— todo lo que haríamos sería totalmente humano por el simple hecho de que un humano está forjando su voluntad.  Contrariar la  posición de Terencio: “Soy humano y nada humano me es ajeno” con esta, descrita también por Savater “La humanidad estaría formada por la acumulación sucesiva de las pieles normativas que el ofidio  humano ha ido mudando a lo largo  de los siglos y  a través de las sociedades.”[2], es observar cómo dos posturas persiguen una distinta connotación social, es decir, que quieren ser entendidas de distinta forma. Porque transformamos el mundo se manera que se amolda mejor con nuestros deseos y necesidades, pero también hacemos regresiones a nuestra dualidad animal, que se concentra solamente en el bienestar propio, e incluso, es posible hablar también de la supervivencia del más fuerte. Y en este punto me pregunto:
¿Qué  somos entonces si, por la supervivencia del más fuerte, un hijo fue capaz de abandonar a su madre gravemente enferma en un hospital sin acercarse  siquiera a preguntar sobre su estado en ocho horas?
Me parece que es más fácil hablar de lo humanizados que estamos, al lograr mejorar nuestro entorno para nuestro beneficio; construir mejores hospitales, desarrollar tecnología en la reconstrucción de huesos, investigar en la producción de medicamentos que disminuyan el dolor por una fractura, etcétera; y más difícil hablar de lo poco humanos que somos. Porque actuamos hominizadamente, y en lugar de que nuestros actos sean llamados humanos, deberían ser hominizados. Para que un hombre sea realmente humano, ya no sólo debe tratar de mejorar su entorno y satisfacer sus necesidades; también debe procurar las mismas condiciones para sus semejantes y así convivir en una armonía ética y moral.
Si una persona no puede cuidar a otra persona, y aún más si esa persona es su madre, y asegurarle un bienestar, por lo menos fisiológico, es porque esta persona es un homínido que no ha aprendido a ser humano. 


[1] Savater, Fernando, El valor de Elegir, Barcelona, Ariel, 2003, pp. 163
[2] Íbid, pp. 171-2

martes, 5 de junio de 2012

"Life it seems will fade away, drifting further everyday".



Ya me había ocurrido esto antes. Y de hecho, compuse unos cuantos versos para rememorar ese día... Ese día en que renuncié a la ayuda de la sanidad mental. Ya ni recuerdo porqué me había socavado el alma. Vivía un periodo difícil, creo que sí. ¿Quién no vive periodos difíciles? El punto es que, como ahora, sentía que, día a día, minuto a minuto, la sensación de desolación iba cubriendo la totalidad de mi pensamiento. Me costaba mirar las cosas, me sentía apartado de la realidad, incluso creía ser otra persona. Traté, en vano, de explicarme lo que sucedía conmigo, pero nada, ni siquiera una mal lograda terapia, lograron evitar que colapsara: que una crisis de ansiedad se hiciera presente cuando yo visitaba el pasillo más recóndito de los sanitarios escolares. Sensación horrorosa aquella. Sentía que moría, o que convulsionaba, o que mi mente se derretía como una cera prendida de más. Aminoró aquel paroxístico choque, y, pronto ya me hallaba en paz, con las lágrimas exorcizadas y la cabeza limpia. El convulsivo océano que se agitaba en mi cerebro había hallado al fin un cauce para salir. Pero la sensación de ser tocado por la fría manaza de la muerte no lo valía. Ahora creo que hay otras formas de vaciar aquel tornado interior y regresar a un estado de paz interior. Quiero conocerlas...
La escritura me ha ayudado a sobrellevar esta presión externa que proviene de un lugar, para mí, ignoto. Estoy sano, no me he enfermado ni siquiera de gripe. Tan sólo he tenido bajadas de presión arterial, pero eso se lo adjudico al miedo que me inspiró ver una reparación de hernia inguinal, misma a la que seré intervenido en unas cuantas semanas. Quizá, esto último es la causa de este estrés que me amarra los huesos. Según mi conciencia, yo no le temo a la muerte; más bien, temo el sufrimiento del medio morir: a quedar en un estado tal que provoque, a los que me rodean, un sentimiento de culpa, lástima, o algo por el estilo.  
Podría pensarse que me estresa la escuela. No, no lo hace. La escuela es, de hecho, un sitio en donde puedo hallar camino para airearme la cabeza, divagar en mi soledad, y aprender lo nuevo. Descubrir... Ha terminado el semestre. He obtenido buenas notas, otra vez, haciendo apenas un esfuerzo. La escuela se me da, es fácil. Consiste en tomarle las medidas, y jugar, cada vez que es requerido, con ellas para obtener un resultado satisfactorio. “Todo está planeado. Todo es estrategia”.
Para distraerme en estas vacaciones tengo un bonche de libros por leer: La señora Dalloway, de Virginia Woolf; Fuga en Mi Menor, de Sandra Lorenzano; Obra Poética, de Fernando Pessoa; De Profundis, de Oscar Wilde; Alteza Real, Tonio Kroger, y Hombre y Perro, de Thomas Mann; Entre dos Aguas, de Rosa Ribas; etcétera. Además, mañana iré con Tenshi a Chapultepec, y daremos una vuelta por los parques. Creo que también me hará bien salir con relativos.
A manera muy aspergiana, no tengo nada más que decir. 

Me voy a Júpiter. 
Adiós.
José.

miércoles, 25 de abril de 2012

Par de poemas (dizque)


SONETO A MI BANDERA

Alzóse valiente, la flama roja,
brotando en agua, del suelo al cielo.
Miren allá, a ella; sola se forja,
sólita ondea, solita al cielo.

Persiguiendo vientos, siempre espera,
donde flamea, roja roja mi bandera.
Serena angustias, entierra las armas.
revive leyendas, ondea batallas.

Hubo alguna vez de ser apresada
Como un ave de pedreros, sosegada
encandilada, enclaustrada y asesinada...

...traspasada, y finalmente, olvidada…
Corretea al viento, y dime ¿podrás tú,
con una red, traer a la vida encarcelada?


GLOSA AL RÍO ARGENTIS

Caer desde Auftorem al lago Quidceo,
Y soñar con el cielo y oler los dulzores
de hacerle a la vida ningún abucheo,
y de vivir subiendo, sin saber a dónde subes.

Llega por el río la sangre de mi pueblo,
con fríos destellos, cristales del suelo,
ensueños de bosque, torrentes que veo
caer desde Auftorem al lago Quidceo.

Serpentea el río, saludando al puente,
deseando tener sed y piernas y sienes,
y aspirar la brisa de una tarde caliente,
y soñar con el cielo y oler los dulzores.   

Pero tú eres el río, solo llevas la sangre,
Si yo fuera un ave, seguro y aleteo;
pero como soy hombre, no tengo hambre
de hacerle a la vida ningún abucheo.

Porque de eso tratan tus verdes cauces
Y todos mis cauces, de lo mío.
Solo trata de extenderte con bravío,
 y de vivir subiendo, sin saber a dónde subes.